"Mami, creo que la volví a cagar..."
Eran las palabras necesarias, ya a veces obligatorias, para enfrentar la culpa, el problema o el simple hecho de que de regreso a casa había pisado la porquería de algún pobre perro sin hogar.
"Mijo, ¡ud es un grandísimo necio! ¿Cuándo va a aprender que ud es un poco propenso a cagarla así? ¿No se da cuenta que por eso tiene que tener más cuidado al andar? Y para variar, ¡con porquería en los pies! Ya esta vez es demasiado mijo, vaya báñese y que sea en sus lágrimas esta vez y no en las de ella. ¡Para variar!
Mi mamá era alguien de excelente corazón. Yo por eso le hacía caso, al final de cuentas tenía que hacerle caso a alguien. Por lo tanto, si me pedía que me bañara en mis propias lágrimas, yo lo hacía.
Me iba al baño, pero no siempre era una faena sencilla. Podían ser horas ahí metido y las lágrimas simplemente no saldrían. Si es cierto eso que me dijeron de camino a casa: hay veces que solo lloramos por dentro.
Por el otro lado, a veces era la facilidad la que me complicaba la tarea. Si pasaba horas en el baño, no era porque las lágrimas no querían salir, sino porque mis ojos no paraban de derramarlas. Llegaba a un punto en el cual ni yo sabía de donde venían tantas lágrimas. Es algo tan curioso eso de las lágrimas.
A mi mamá no le gustaba cuando mis lágrimas se salían de control. Si llegaba con los ojos aguados a la hora de cenar, no tardaba mucho en expresar su disgusto: "Mijo, ¿qué es esa lloradera que se maneja? Le dije que se bañara en sus lágrimas, ¡no que me lavara la casa con ellas!"
Yo calladito nada más le respondía: "Perdón mamá, no se que pasa hoy... creo que ella también está llorando..."
Eran las palabras necesarias, ya a veces obligatorias, para enfrentar la culpa, el problema o el simple hecho de que de regreso a casa había pisado la porquería de algún pobre perro sin hogar.
"Mijo, ¡ud es un grandísimo necio! ¿Cuándo va a aprender que ud es un poco propenso a cagarla así? ¿No se da cuenta que por eso tiene que tener más cuidado al andar? Y para variar, ¡con porquería en los pies! Ya esta vez es demasiado mijo, vaya báñese y que sea en sus lágrimas esta vez y no en las de ella. ¡Para variar!
Mi mamá era alguien de excelente corazón. Yo por eso le hacía caso, al final de cuentas tenía que hacerle caso a alguien. Por lo tanto, si me pedía que me bañara en mis propias lágrimas, yo lo hacía.
Me iba al baño, pero no siempre era una faena sencilla. Podían ser horas ahí metido y las lágrimas simplemente no saldrían. Si es cierto eso que me dijeron de camino a casa: hay veces que solo lloramos por dentro.
Por el otro lado, a veces era la facilidad la que me complicaba la tarea. Si pasaba horas en el baño, no era porque las lágrimas no querían salir, sino porque mis ojos no paraban de derramarlas. Llegaba a un punto en el cual ni yo sabía de donde venían tantas lágrimas. Es algo tan curioso eso de las lágrimas.
A mi mamá no le gustaba cuando mis lágrimas se salían de control. Si llegaba con los ojos aguados a la hora de cenar, no tardaba mucho en expresar su disgusto: "Mijo, ¿qué es esa lloradera que se maneja? Le dije que se bañara en sus lágrimas, ¡no que me lavara la casa con ellas!"
Yo calladito nada más le respondía: "Perdón mamá, no se que pasa hoy... creo que ella también está llorando..."
Llorar a lágrima viva.
ResponderEliminarLlorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
...
oliverio Girondo "llorar a lágrima viva..."