martes, 2 de junio de 2009

Platos Rotos

No llore mi estimado, alguien tiene que pagar los platos rotos y usted lo sabe. De paso, también se puede ir olvidando de esa idea infantil de que se pueden arreglar. ¡Claro! Los platos se pueden pegar para que sirvan de nuevo, pero nunca se dejarán de ver las grietas, sin importar cuanto tiempo pase. Al final, va a tener usted un bello juego de platos pegados con algún ungüento milagroso, pero nada más. En una cena de gala, estos platos resultarían inservibles.

Tampoco es necesario mortificarse. ¿Le gusta el drama? ¿A quién no? A todos nos encanta. Sin excepción. Todos queremos esa telenovela mental en cada uno de nuestros días. Tantas fantasías de ilusiones. ¡Sin dirección ni propósito! Solo sirven para darle calor y vida a ese fuego que con tanta desesperación cuidamos, para cuando entra el invierno al corazón.

Nada de estas basuras es necesaria. Hágase hombre. Ya es tiempo, ¿no cree? Han pasado los días que discretamente se van transformando en meses, y de la nada, ya se encuentra usted atascado en un drama que lleva más de un año. Y fue una telenovela exitosa, de las mejores me atrevería a decirle. ¿Cómo no iba a serlo? Cada dos meses (como máximo) terminaba la temporada, siempre con finales inesperados. Siempre alimentando esa voraz hambre del drama. Empezaba una nueva temporada, cada vez inaugurando con duda para ponerle emoción. Y claro que tenía pegue. Todos, incluso los actores, veían ansiosos como la nueva trama se desenvolvía. Creo que ese era el detalle de su indiscutible popularidad, que ni siquiera los protagonistas sabían el desenlace. ¡Era la fórmula perfecta! ¿No cree?

Pero al final si se vuelve tedioso. Ya, después de tantos finales, los protagonistas ya saben cual toca esta vez, pero lo niegan. Así mantiene viva no la intriga, sino la esperanza. Así es caballero, la dramática novela empieza a tomar sentido más profundo para los involucrados.

Y aquí observará usted donde la historia pierde su popularidad. La trama, a medida que se hace más sensible a los actores, se hace cada vez más repetitiva para los espectadores. Ya estos sabían que iba a terminar, y el modo en que lo hacía ya había agotado su emoción. Los finales eran vacíos, sin verdaderos motivos de peso.

No sobra recalcar que el último, no perdón, los últimos dos intentos de darle algo nuevo a la conocida telenovela fueron buenos. Consiguieron dos componentes nuevos: la traición y el perdón. Dos nuevos ingredientes que a pesar de que se veían tan dependientes uno del otro, en su interior vivían en dos mundos aislados.

Primero vino la traición. Con gran fuerza y sin previo aviso, destruyendo todo, absolutamente todo lo que antes había sido. Su poder era inimaginable. La atención de los espectadores fue de inmediato tomada. Pero adentro, los corazones de los actores totalmente eclipsados. Era tan efectivo que, por primera vez, amenazaba en acabar la novela, para siempre. Era un golpe demasiado duro para ella. Tan siniestro, tan humillante, que era posible que ya no quisiera ser parte de todo. Esta herida si era lo suficientemente dura para dejarlo todo atrás. Y como costaba creer eso. ¿Dejarlo todo atrás? Imposible. Esto ya era otra cosa, ya no era algo que sencillamente se podía tirar.

Sin embargo, ahí no murió. Haber introducido la traición al drama revivió la telenovela por completo, devolviéndole su antigua popularidad. Aun daba para una temporada más de secas lágrimas, fríos abrazos y besos vacíos. Aun daba para mentir más.

Había terminado la temporada de la traición. Parecía que había sido superada, aunque siempre se sentía ahí ese suave murmuro de la incertidumbre, acechando de noche, no en los sueños, en las pesadillas. Sin embargo eso, al menos al inicio, no fue suficiente. El perdón conseguía sus cometidos, con preocupante facilidad algunas veces. Por esto mi querido amigo, se le debe dar mérito al actor. De no haber sido por sus impresionantes actuaciones, su destreza, sería una novela diferente. A diferencia de muchos otros, el trataba siempre de evitar seguir el guión original. Trataba de ajustarlo un poco a él, darle tal vez un tinte de personalidad. Introducirle más alma, más sangre, para que este se sintiera latir. El lo convertía en una razón de ser. Y funcionó. Gracias a esto fue que muchas veces la trama siguió. Gracias a esto fue que el perdón fue tan buenamente recibido. Y a como llueven ironías en la vida, esto, esa facilidad, trajo su correspondiente inundación. Si ella hubiese esperado un poco más, si no hubiese sido tan necesitada, tan dependiente de amor, tal vez si hubiera funcionado (subráyese: “tal vez”). Que curioso pensar que ese fue el problema, dejar que todo se desenvolviera tan rápido. Por arreglarlo todo a la carrera, la herida se hizo más profunda. La intención si fue buena, de ambos, pero eso no bastó. Como le dije antes, ni siquiera el tiempo puede arreglar un hermoso juego de platos rotos.

Y aquí, aquí honorable caballero, es siempre donde usted deja de ser hombre. Me parece a mí, si se me permite agregar, que ya, después de todas estas cansadas temporadas, es hora que usted acepte que el Drama finalmente terminó. Esta telenovela surreal, que tanto disfrutó mantener viva, ya murió. Ya no existe. Ha decir verdad, da lástima. Enfréntelo, que ya es hora, y usted lo sabe.

Y así fue, ¿o no? Un día, después de haberle agregado un poco de ausencia (dos semanas no es tanto, ¿o si?) para darle emoción, ella se hartó. Finalmente había llegado el día en que ya no quería ser parte del Drama. O tal vez… tal vez quería más… no lo se. En fin, usted no se lo esperaba, no me mienta diciéndome que si, porque yo se que no. Tampoco se sienta mal, yo se que fue muy de la nada, no había forma de esperarlo, no hubo previo aviso. Lo peor, es que no había causa, al menos ninguna que fuera clara. Sin embargo pasó, y ¿qué va a hacer al respecto? ¿Insistir? ¿Rogar? ¿Arrastrarse? ¡¿Más?! No era necesario. Por más que sus motivos despertaban una ira desconocida y desmedida, eran perfectamente justificables. La confianza es muy valiosa, y lo lamento por usted que haya tenido que pasar por todo esto para darse cuenta de ello. Eso fue lo que le faltó al final de la telenovela, para salvarse. Le agregaron traición, perdón, claro, pero nunca le agregaron confianza. Esa, es la verdadera receta del caos. Ella fue traicionada, ella después perdonó y luego se engañó a pensar que confiaba, pero nunca lo logró. Tal vez, si hubiera esperado un poco, tal vez…

Se nota aquí lo peligroso que es dejarse llevar. Usted, mi querido colega, era un actor de una dramática trama, pero luego, sin darse cuenta, permitió que usted fuera la dramática trama de una bella actriz. Y después, para hacerlo un poco más enredado, ella ya no era una compañera, una colega, era una ilusión. Ella, y la trama. Con el tiempo, ambas se convirtieron en motivos para respirar. No hay forma de evitar agarrarle cariño a la telenovela, y eso fue un problema para usted, cuando ella se hartó de todo. Todo eso que usted pensaba que era demasiado como para arrojarlo a la nada. Aparentemente, esto le va a doler, no era tanto como usted creía. Al final, si era surreal. Y como le dije antes, no valía la pena hacer nada al respecto. ¿Quería hacer algo para arreglarlo? Seguramente si, pero, ¿para qué? Mi estimado caballero, por favor no se tome la molestia. Yo se que usted quiere, pero tranquilo. Usted nació solo, ¡y se muere solo! Así de sencillo. ¿Le choca? No debería, esto es algo que usted ya sabía, y si no, debería, porque cada fin de temporada (como le dije, cada dos meses) se lo decía a gritos en la cara. Si usted quiso ignorarlo tantas veces, allá usted. Trate de ignorarlo esta vez, y cuando nos volvamos a ver me dice como le está yendo.

¡Ignorante! Abra los ojos y se despierta de esa basura. ¿Qué es? ¿Que le gusta llorar? ¿Le gusta darse de golpes usted solo frente al espejo? ¿O acaso es que le gusta echarle sal a las heridas abiertas? Téngase respeto por favor, si es que algo le queda. Ya lo despidieron, y nadie que tuvo parte en esa trama quiere saber de usted. ¿Tiene algo que decir sobre eso? Trágueselo, y por primera vez en su vida, compórtese como un hombre.

Todo esto seguramente le suena muy feo, pero espero que me entienda, porque alguien se lo tenía que decir. Antes de despedirme, nada más le quiero regalar un humilde consejo. Vaya a su casa tranquilo, y se relaja un rato. Consígase un nuevo diálogo y lo practica. Si lo puede practicar con una nueva mujer, sería ideal. Tal vez así lo contraten. Sirva una sencilla pero deliciosa cena en esos bellos platos rotos que usted tiene, tal vez la nueva visitante no note las grietas. Si lo hace, métale un cuentazo diciendo que así son, que es parte de la gracia del plato. Ella seguramente se lo va a creer. Y finalmente, duérmase tranquilo, en paz, y que sea solo. Si le surge alguna duda, usted sabe donde encontrarme mi querido amigo. Nos podemos dar de golpes, como siempre hacemos, con la vista borrosa frente al espejo.



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